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lunes, 16 de septiembre de 2013

El regreso de un dios

ドラゴンボールZ 神と神 (Dragon Ball Z: la batalla de los dioses). Masahiro Hosoda (dirección),
Yūsuke Watanabe (guión). Japón, 2013.
No es fácil explicarle el encanto de DBZ a quién no conoce nada sobre la serie. Hay algo demasiado poderoso, oculto tras un velo de inocencia y personajes que tocan sentimientos básicos sin perder personalidad o gracia. Hablan de amistad, familia, orgullo, maldad, sabiduría, sacrifico y legado con poderes capaces de destruir planetas enteros en cuestión de segundos… y me estoy quedando corto.
Dieciocho años es mucho tiempo para los fanáticos, más cuando reciben una continuación apócrifa (con poco gusto a “Z”) y un revival abreviado de una serie que consta de 291 capítulos, y que ya hemos visto más de una vez, a fuerza también de no tener más nada, ni siquiera esperanzas de un regreso.
 
Pero todo eso cambió este año con la llegada de La Batalla de los Dioses.
 
Todos los personajes han vuelto a su forma original. Nada de nuevos diseños ni cortes de pelo que no existe. ¡Esto es Dragon Ball Z! Independientemente de la trama, volvemos al mundo que todos reconocemos, volvemos a casa. No tengo intenciones de derribar a Dragon Ball GT y pegarle patadas en el piso, hasta me atrevo a decir que algunos de sus condimentos no saben tan mal, pero todos sabemos que la letra más poderosa y nostálgica se ubica la final del abecedario. 
 
Ahora, esta película es para los fanáticos y nada más que para ellos. No es la mejor OVA de la serie, está lejos de serlo. La acción no es el ingrediente principal, por el contrario, para tratarse de Dragon Ball hasta podríamos decir que está muy alejada de la formula destructiva. Aquí predomina el humor y el constante agasajo hacia los viejitos seguidores de la serie. Casi todos los personajes tienen su momento o aparición fugaz. Referencias y guiños que, si poco conocen sobre los guerreros Z, no entenderán nada, pero disfrutarán de una animación de una calidad soberbia y fluida (aunque dudo de la capacidad de envejecimiento de algunos 3D).
 
La trama se centra en el personaje de Bills, conocido como “El Dios de la Destrucción” que sale en busca del “Saiyajin Dios”, a quién pudo ver en sueños,  para así retarlo en combate. Un antagonista claramente inspirado dioses egipcios (Seth y Sekhmet más específicamente), con un desarrollo adecuado para una cinta de menos de una hora y media de duración. Con un final inesperado, el cual generará un montón de negativas, pero sumamente acertado para lo que pretende ser esta película: una ventana de lo que vendrá. Un tráiler de más de una hora que promete un regreso, pero comienza con un mensaje implícito para los fans: “disculpen el retraso de más de una década, les dejamos algo para ir haciendo base, pero todavía falta para el plato principal”. 
 
Con Internet, el mundo del animé se ha vuelto sumamente accesible, descubriendo series que trascienden lo infantil o su carácter de “dibujito”. Hoy en día, el vecino hipster de bigote utiliza la palabra shinigami para describir cualquier cosa que quiera hacerla sonar cool, pero poco entienden de la magia que se inició en los 80s y, definitivamente, no entenderán La Batalla de los Dioses.
Les repito que esta no es la mejor OVA de la serie hasta la fecha, aunque quizás la más inteligente de todas, pero caer en esa premisa nos aleja del mensaje real de esta cinta. Como decía McLuhan: “el medio es el mensaje”; y esto se aplica perfectamente. La Batalla de los Dioses es el mensaje aquí. Un mensaje que deja en claro que los verdaderos fanáticos están siempre ahí, como perros fieles que esperan la vuelta del amo, que DBZ no desapareció, que esto solo sea el comienzo del regreso pero, por sobre todo, que el mundo entero está dispuesto a darle a Goku su energía una vez más para formar la Genki Dama más grande de todas y que pocas cosas en este universo son tan fuertes como un Super Saiyajin. El éxito que ya ha generado está cinta a nivel mundial (aunque se descanse en expectativas y nostalgias), ha activado varias alarmas para contestar la pregunta de si el mundo todavía quiere ver a los guerreros Z. El niño que llevamos dentro reclama el regreso de Toriyama a nuestras vidas, y eso se refleja en las repercusiones que ha tenido esta película, donde decimos “gracias por haber hecho de nuestra infancia un lugar inolvidable”.
 
Lo mejor todavía está por venir en el eco del Kame Hame Ha que tanto extrañábamos.

Salud.

Ignacio Viera (publicada originalmente en el blog Kabuki Salad)

sábado, 14 de septiembre de 2013

Superman & Batman



Superman, Batman y… ¿Ben Affleck?
 
"En los próximos años, en todos tus momentos de intimidad, quiero que recuerdes mi mano en tu garganta. Quiero que recuerdes al hombre que te venció".
 
Estas fueron las palabras citadas por Harry Lennix durante la última Comic-Con. Acto seguido, la pantalla mostraba el emblema del Hombre de Acero con la silueta del murciélago detrás, mientras los fanáticos estallaban en gritos ante la noticia que todos deseaban, pero ninguna imagina aún: ¡Batman y Superman compartirán la gran pantalla!
 
Ya es oficial. Algunos se preguntan si no es demasiado pronto para el primer crossover de DC, pero no, no lo es, al contrario… ya era hora.
 
Así como Marvel sembró el terreno para desembocar en The Avengers, la cual promete ser la saga más importante y mejor lograda de la compañía (ya con un gran punta pie inicial), DC se cansó de esperar. 
 
Este no solamente será el debut de dos grandes en un mismo contexto, sino que también será uno de los ingredientes más importantes de la futura Liga de la Justicia, la cual llegará tarde o temprano.
Con las palabras citadas durante este evento, quedaron en claro dos cosas: Frank Miller será una de las referencias principales y estos dos superhéroes se enfrentarán durante la cinta. Aunque no hay que olvidar que esta va a ser una nueva película de Superman, por lo que el murciélago será un invitado de lujo y no el caballero protagonista. Las conjeturas e ideas sobre la trama son muchas y, al fin de cuentas, hasta que no se revelen nuevos datos, no hay más que esperar.
 
Personalmente no me enloqueció “El Hombre de Acero”, aunque la “mejor” de Kal-El hasta la fecha, eso tampoco dice demasiado, por lo que a mi entender el futuro crossover (aunque deseado) se vuelve necesario. Cada película de Superman le es más peligrosa que la cryptonita.
 
No es descabellado pensar en la incursión de Luthor y una postura del murciégalo como un justiciero más radical y extremo que el Hombre de Acero. Razón por la cual se enfrentarían, para así poder culminar en una alianza y dejar la puerta abierta a futuras amenazas que requieran del reclutamiento de nuevos héroes para formar la Liga. En realidad todo esto parece obvio, no sería la primera vez que veríamos esa relación amor-odio entre los dos personajes. Por lo que hay puntos sumamente predecibles sobre lo que se viene, pero todo el desarrollo es un misterio todavía, y un peligro inminente en caso de fracasar en la taquilla.
 
La verdad que cuando escuché esta noticia quedé fascinado como muchos, y descarté casi inmediatamente la posibilidad de que Christian Bale vuelva a vestir la capa, aunque me gustaría, pero no esperaba la noticia que inundaría la web de nerds iracundos: el nuevo Batman será Ben Affleck.
Ahora sería un buen momento para unirme a las protestar y comenzar a tirar batiboomerangs llenos de mierda, pero no, al contrario, he decido esperar. No me gusta Affleck, es un tema personal supongo, o de “piel” digamos, pero pareciera que nadie recuerda cuando anunciaron que aquel cowboy de nombre Heath Ledger, que andaba a los besos con otro cobwoy en un granero iba a ser el nuevo Joker. 
 
Sin embargo, en mi opinión, Ledger era un actor cuyas capas aún no habían sido peladas del todo. Podríamos decir que precisaba una buena oportunidad, mientras que con el futuro Batman, siento que ya ha demostrado lo que puede y no lo veo vistiendo de negro ni como un Bruno Diaz convincente.
Ya lo hemos visto interpretando a Daredevil y no hace falta decir mucho más. No se trata aquí de tirar mierda, pero sinceramente, la complejidad que requiere hoy día el multimillonario Díaz, con todos sus matices y demonios, no es algo que vea en la cara de Ben Affleck. Ojala me equivoque, y a miedo de adelantarme en conclusiones erróneas, como dije… prefiero esperar. Prefiero esperar a que Warner muestre alguna imagen oficial de lo que se viene, pero deberían tomar más en cuenta la opinión de los fanáticos, navegar en la web y escuchar. Más allá del éxito o no, ha quedado en claro de que el mundo no quiere a Affleck como el futuro Batman, pero los fans se han equivocado en el pasado.
Entre los candidatos propuestos en infinidades de foros, optaría por Karl Urban, a quien ya le vimos el mentón durante Dredd y si le sacamos el casco (cosa que no hizo durante la película y agradecemos) y le colocamos el murciélago arriba, parecería funcionar. Sin mencionar que es un actor que tiene mucho más para dar todavía de lo que hemos visto.
 
Podríamos extendernos y enojarnos durante horas, pero no tiene sentido. El resultado final escapa de nuestras manos. Todos quieren que esto funcione, pero aparentemente, Warner no repara en las opiniones de los fanáticos y parecieran olvidar el estigma de Superman en el cine, en un momento en el cual el murciélago equivocado podría acarrear resultados catastróficos.
 
Ojalá, por el bien de todos, esperemos que Ben Affleck sea un Batman de puta madre.


Ignacio Viera

miércoles, 26 de junio de 2013

El hombre, el acero y el superhombre FX



 Man of Steel. Zack Snyder (dirección); David S. Goyer (guión). Estados Unidos, 2013

Comencemos por lo más obvio: esta es la mejor película de Superman hasta la fecha. Sucede que esto tampoco dice demasiado. Si recapitulamos, las viejas películas de fines de los 70s han alcanzado un estado épico no del todo justificado, aunque podríamos decir que se debe a un gran reparto y esa idea de que “nunca habrá un Superman como Christopher Reeve”; otra premisa muy cuestionable. También producto de ese estado de “pseudo mártir “del actor que supo volar y terminó sus días sin poder caminar.
“The Man of Steel” se aleja del mundo cinéfilo establecido para este personaje, y esto es uno de sus mejores puntos. A diferencia de “Superman Returns” (2006) que funciona como un tributo constante (hasta el punto de utilizar material de archivo con Marlon Brando) de lo ya conocido para una nueva generación que no consiguió cautivar; quizás también como una oportunidad a no dejar pasar después del éxito de “Batman Begins” un año antes, pero de todas formas no fue suficiente.
Tras las reglas establecidas después de la trilogía del Batman de Nolan, esta película apunta a una cinta de ciencia ficción por encima de las fórmulas básicas del superhéroe. Lo cual resulta más convincente y, hasta podríamos pensar, la fórmula más obvia y necesaria para llevar a este personaje a la gran pantalla.
Podríamos dividir esta cinta en dos partes: “El Hombre de Acero” y “Superman”.
La primera abraca toda la parte más verosímil y desarrollada en cuanto a contexto y personajes se refiere. Vemos un Krypton mucho más trabajado en cuanto a su orden, tecnología y geografía. Es una mirada más orgánica, donde conviven diferentes especies animales y un sistema de castas de nacimientos controlados con una reminiscencia a “Ghost in the Shell” (Si, si, nada de “Matrix” aunque quédense tranquilos que hay dos personajes que reconocerán). La inminente destrucción de este planeta es producto del abuso de los recursos naturales y podemos ver que la falta de acción de los kryptonianos se debe también al escepticismo y un sistema burocrático tedioso.  Nada de esto es nuevo (ni para Superman, ni para la ciencia ficción) pero está muy bien plasmado y aporta al conjunto sin caer en una sobredosis de información.  Personalmente la estética kryptoniana me resultó más un cúmulo de influencias a un concepto original. Si pudiese haber visto más arena que formaciones rocosas, juraría que estaba viendo un remake de “Dune”.
“El Hombre de Acero” continúa desarrollando el personaje de Clark mediante la utilización de flashbacks. Esto está bien y funciona. Resaltando la disyuntiva del “hombre que un día cambiará el mundo” y la capacidad de aceptación y confianza por parte de la humanidad; con un Kevin Costner que remite a un tío Ben recto y sacrificado que solo le faltó decir “con un gran poder viene una gran responsabilidad”. Esta comparación podría sonar despectiva, pero todo lo contrario. Jonathan Kent se presenta como un modelo de moralidad y rectitud cansada, que al mismo tiempo denota una persona que se ve superada de a momentos por toda su situación y trata de funcionar como guía de la mejor manera que puede y sabe.  Por otra parte, Jor-El (Russel Crowe) aporta la otra cara paterna que, aunque deja en claro el amor por su hijo, nunca descansa en la figura típica del padre que busca en su hijo “ser mejor de lo que él fue”, sino que apunta a un bien mayor por la continuidad de su pueblo y el método “correcto” de proceder y la responsabilidad de Kal-El más allá de una búsqueda de individualidad y libertad personal.
Mientras tanto, Martha Kent (Diane Lane), funciona como un cable a tierra. Una de las pocas imágenes humanas que mantienen a Clark “terrestre” al mejor estilo “nadie se atreva a tocar a mi vieja” (cuando le da una paliza a Zod al son de “¿Cómo te atreves a amenazar a mi madre?” sonaba el tema del Carpo en mi cabeza, perdón, lo tenía que decir).
Todo el aspecto familiar del protagonista, aporta distintos puntos y miradas que denotan la fragilidad de estas personas, pero todas convergen en la responsabilidad y la rectitud, por lo que enriquece y humaniza a Clark para comprender sus formas de proceder y hacer todo el conjunto más verosímil.
El General Zod es la otra cara de todo este aspecto. Es el reflejo más maquiavélico y comprensible de la cara del mal. Sucede que tampoco podemos hablar de un “villano” o “malvado”, sino más bien de un radical, de un tipo formado en la guerra y el sacrificio que no repara (a diferencia de Jor-El) en los aspectos morales para con la continuidad de los kryptonianos. Uno de los aspectos más destacables (en lo personal) es el abismo que separa al padre del Clark con el General Zod. Si bien, ambos apuntan hacia el mismo lado, sus contextos y formas claramente diferenciados enriquecen las dos partes sin necesidad de agregar más minutos a la cinta. Al fin de cuentas, todos los personajes (familiares y alienígenas) en torno a Clark funcionan para el crecimiento del personaje sin nunca llegar a cansarnos. Es un buen ejemplo de cómo deberían funcionar los personajes secundarios.
Otro punto, quizás el más discutible de todos, es la “nueva” Luisa Lane. Personalmente me gustó, pero más por su función de alejamiento de la fórmula básica y estereotipada. Se asemeja más a una Lara Croft o una co-protagonista de film de Indiana Jones, lo cual no está mal para marcar una especie de power girl del siglo XXI diferenciada de la “pobrecita que precisa que la recaten”. Sin embargo, en algunos aspectos, este alejamiento pareciera ajeno a toda la fórmula, haciéndole falta un toque más de elegancia y buena pinta. Seamos sinceros, para la facha que tiene Superman, los primero planos dejan en claro que Luisa le saca una década de ventaja y que, entre escenas, probablemente se escondía a comerse una cheeseburger.
Después de la primera parte, con la llegada a la Tierra del General Zod, nos apartamos de “El Hombre de Acero” y comienza “Superman”; un despliegue de efectos especiales al estilo “Transformers 3”, un “veamos que tan épico podemos hacer todo esto” apuntando principalmente al entretenimiento. Nos volvemos más bagalleros, impresionables y agradecemos haber comprado el pop extra grande. No tiene nada de malo y funciona… ¡Es Superman! Todos esperamos este momento. Sin embargo el quiebre que se genera entre todo el desarrollo de la primera parte y la sobredosis de acción de la segunda, es un poco brusco para mi gusto. Esto no hace que decaiga la película ni mucho menos, pero su aspecto blockbuster se vuelve sumamente evidente y debemos comenzar a digerir los cheesy one liners de los cuales veníamos escapando. Esto, para mí, fue una de las pocas decepciones del film. Si bien Jor-El y Jonathan Kent son un despliegue de monólogos elegantes, predecibles y correctos, tiene un finalidad que funciona para todo el conjunto. Mientras frases como:”Dicen que después del primer beso todo va cuesta abajo” (tras el primer beso entre Clark y Luisa) nos hacen gritar: ¡No había necesidad!
Uno de los elementos de la fórmula “cine de superhéroes verosímil” a la cual nos hemos acostumbrado, radica en esconder o disimular los clichés típicos del género.  En este caso en particular, la ciencia ficción de “El Hombre de Acero” con el cine de super héroes de “Superman” se vuelve más evidente por culpa de estos pequeños tropiezos.
Sin embargo esto no nubla la superestructura de un film bien hecho, que sienta las bases para una nueva franquicia que tiene cosas por mejorar, pero que ha dejado en claro que Superman se ha ganado una nueva oportunidad en el mundo del cine.

Ignacio Viera


jueves, 13 de junio de 2013

“Mushishi”, esa vida que desconocemos.



Mushishi. Hiroshi Nagahama (dirección), basado en el manga de Yuki Urushibara. Japón, 2005-2006


Ginko es un viajero con un poder sobrenatural. Algo similar a un sexto sentido (sin dead people) que le permite observar a los “mushi”, una forma de vida que no comprendemos y que pocos son capaces de ver.
“Mushishi” no solamente da título a esta serie, sino que confiere un status a este personaje que investiga y trata a las personas que se ven afectados por estas formas de vida, desconocidas para la mayoría de los habitantes del Japón feudal.
No hay una explicación concisa y definitiva sobre lo que son los “mushi”. Personalmente me recuerdan mucho a los yokai, aunque en un plano mucho más vegetal y parasital que aquellos del folclore. No necesariamente requieren de huéspedes para su supervivencia, sin embargo el contacto con ellos puede acarrear resultados alucinógenos, enfermedades o paranoias, a personas que terminan por desconocer (o aceptar) su propia realidad o el factor que las altera.
Podríamos encontrar una similitud entre un “mushishi” y un exorcista, aunque no hay maldad o poderes demoníacos en este caso. Tampoco hay una forma definida para estos, por lo que sus apariencias o dimensiones varían desde un gusano, un arcoíris o un puente (entre muchísimos otros).
No hay “acción” en esta serie, ni una continuidad fija que nos cargue de ansiedad de un capítulo a otro, pero eso es lo que hace de esta animación mucho más interesante.
Lo mejor que otorga al espectador es el ritmo. “Mushishi”, carente de un montón de elementos que podrían ser necesarios para las urgencias y velocidades del espectador actual, ofrece una sensación de relax teñida con tristeza y oscuridad.
Sin embargo todo tiene un desarrollo inteligente y creativo, que mejor se disfruta en nuestro tiempo libre con una buena taza de café. Sus escenarios y la calidad de su animación son excelentes. Cada cuadro denota un trabajo impecable y un proceso que debe ser respetado por la intensidad de sus colores y detalles.
Si bien hay un contexto para con los personajes (o personaje, ya que son muy pocos los reincidentes), esta serie puede ser vista sin un orden predeterminado. Cada capítulo plantea una historia que comienza y termina sin dejar cabos sueltos para un conjunto, pero que nos hace revolver las reglas de cada capítulo para sacar algunas conclusiones por cuenta propia.
Siempre consideré a los orientales como unos de los mejores artesanos del imaginativo humano, y el mundo que plantea esta animación y la insuficiencia de datos sobre estas formas de vida, hacen que cada episodio nos enfrente con seres temibles y extraordinarios. Me recuerdan, de a momentos, a algunos ángeles de la serie Evangelion, los cuales estaban muy alejados de lo antropomórfico y nos dejaban repitiendo en voz alta: “que loco, nunca imagine un ángel con esa forma”.
Lo mismo sucede aquí con los “mushi”, aunque estos no buscan nuestra destrucción y probablemente ni siquiera reparen en nosotros.
No puedo recomendar esta serie, no por un tema de calidad (que sobra), sino sencillamente porque no es para cualquiera. Definitivamente apunta a un público adulto que quiere rescatar emociones que poco tienen que ver con la adrenalina. Sugiero ver los primeros tres capítulos (de un total de veintiséis) para dejarnos enganchar o pasar a otro género.
“Mushishi” no es una serie para todos, pero todos deberían darle, al menos, una oportunidad.

Ignacio Viera

miércoles, 24 de abril de 2013

Fantasías finales, derrotas y filisteos occidentales.



Final Fantasy: The Spirits Within. Hironobu Sakaguchi y Moto Sakakibara (dirección), Al Reinert y Jeff Vintar (guión). Japón, Estados Unidos, 2001.

 
El pasaje de los videojuegos al cine ha sido un viaje repleto de baches. Comenzó por los noventas, cuando las franquicias reclamaban a gritos ser llevadas a la gran pantalla. Sin embargo, esta relación era muy nueva e incierta, en cuanto a un enfoque a tomar para apelar a un público con el cual el cine aún no había tratado: los gamers.
El primer lustro de los 90s podría considerarse como un período de experimentación dentro de este terreno. Hollywood buscó rescatar las franquicias más conocidas de occidente con pésimos resultados. Optando por la popularidad más que por el contenido, sufrimos la adaptación de Mario Bros, Double Dragon y la triste despedida de Raul Julia como el general M. Bison, en una clara demostración de la falta yanqui por adaptarse a los moldes originales. No hay mejor ejemplo de esto que el protagónico de Jean Claude Van Damme en Street Fighter. El mundo de los videojuegos sabía de memoria el rol y lugar que había ocupado esta saga, conocían sus personajes e historias, pero USA no iba a permitir que un asiático como Ryu tomara el volante, por lo que optaron por Guille, el marine rubio musculoso con la bandera estrellada en el brazo, decepcionando a sus fans. Con este fracaso, podemos tomar esta película como el primer ejemplo a no seguir y de aquí, un refreshment que vendría con años posteriores.
Para el año 95, Paul Anderson dirige Mortal Kombat, dejando una muestra de que es posible hacer un cine “decente” basándose en los videojuegos. Aunque aún lleno de problemas, pero apelando en mayor medida a los jugadores y no una necesidad de atraer distintos sectores de audiencia. Para fines del siglo XX, el mundo del cómic aporta un empujón indirecto a los videojuegos. X-Men marcaría las pautas para un mundo que abrazaría lo verosímil por encima de la fidelidad y los diseños, al mismo tiempo que despertaba un nuevo interés en las adaptaciones gamers tras los desaciertos de principio de década. Está claro que lo “verosímil por encima de la fidelidad y los diseños” es sumamente discutible en casos aislados, pero atrás quedaron el Hombre Araña de Nicholas Hammond, fofo y encorvado, cuya tela juraría era la misma con la que el muchacho del delivery me traía atado el paquete de pizza. Los viejos Cuatro Fantásticos, o el Capitán América con su traje deshilachándose escena tras escena, o el Mecha-Spiderman que conocimos gracias a la “maravillosa” Internet. Para comienzos del siglo XXI, estos mundos (cómics y videojuegos) habían adquirido un nuevo potencial y audiencia, producto de todo este proceso y avance tecnológico que desemboca (hasta la fecha) en su zenit más conocido como “la trilogía del caballero de la noche” de Nolan.
No quiero alejarme demasiado del núcleo de esta reseña, pero me resulta interesante el menage a troi entre el cine, los cómics y videojuegos. Son pocos los casos de excelencia entre el pasaje de un medio a otro. Todo pareciera indicar que las “libertades” tomadas otorgan malos resultados. Sin embargo hay casos, como el de la trilogía de El Señor de los Anillos, que no solo cuenta con una de las mejores adaptaciones de la literatura al cine, sino que también, tomando estas películas (y no los libros) como molde, han resultado en una seguidilla de “buenos” videojuegos, cuando es sabido de memoria para los gamers que “los videojuegos con licencias tienden a ser malos”. Por lo que si existe una forma de hacer bien las cosas.
En el 2001 llegaba a las salas Final Fantasy: El espíritu en nosotros. La cual es un excelente caso de desmembramiento en pos de apelar más allá del público ya establecido y, por ende, conquistar el mercado americano mutilando (en gran parte) lo que le dio valor a la saga en primer lugar.
En los 80s la compañía Squaresoft se encontraba en vías de irse a la quiebra. Sus videojuegos no eran de lo peor, pero poco trascendentes para lo que se venía. Por lo que optaron por arriesgar todo en un último juego. Este podría ser un nuevo día para la empresa, o el final de la misma. Bajo esta ironía nace la “Fantasía Final”, tomando el molde de los RPGde combate por turnos, cuando todavía este género gateaba.
Hace falta únicamente googlear la palabra “Final Fantasy” para descubrir la trascendencia y el fanatismo que ha generado a través de las décadas. Sus mundos han surcado los motivos medievales, el cyber y steampunk, bajo un halo de magia y fantasía con una estética digna de un análisis aparte.
Sin embargo una de las cualidades más interesantes de esta saga, es su falta de continuidad cronológica o terrenal siquiera. Cada juego es un mundo aparte, con sus personajes e historias que rara vez se entrelazan. Hago hincapié en esto, ya que a la hora de llevarlo a la gran pantalla, esta “irregularidad” debería de otorgar un campo más amplio para dejar de lado las ataduras, por lo que se nos plantearían (como en cada videojuego) nuevas historias y mundos. Aún con esta libertad, la película estrenada en el 2001 falla rotundamente en su propio cosmos.
Es importante mencionar la expectativa generada previa al estreno. Para esta fecha, la saga contaba ya con su décima entrega (considerada por muchos gamers como el último gran logro de la franquicia), por lo que la fiebre estaba elevada y las ganas sobraban.
Final Fantasy debería haber sido algo gigantesco. Una película animada con técnicas de vanguardia que prometía ser la primera de muchas. Lamentablemente optaron por atacar una audiencia más global, bajando a tierra todo lo “fantástico” de la serie.
Irónicamente la “verosimilitud” tan apreciada hoy día en las adaptaciones, jugó en contra para con este film. Si bien algunos puntos se rescatan, como el concepto de Gaia ya tratado en los videojuegos, el resto resulta sumamente repetitivo.
Es aquí donde la necesidad de conquistar el mercado americano termina por destruir toda promesa. No hay universos paralelos ni nuevos mundos. La película transcurre en nuestro planeta, con la ciudad de Nueva York como protagonista. Estos dos puntos ya arruinan toda la premisa. No tengo intenciones de detenerme en sus personajes o desarrollos, que claramente carecen del encanto esperado, sino que todo el paquete no pertenece a lo que el mundo ya conocía. Aquí no hay fantasía sino pura ciencia ficción. Lo cual no es terrible, pero no hace justicia a su título y como un film de este género, tampoco consigue demasiado. Todo resulta olvidable.
Principalmente la estética de esta película me resulta cansadora y aburrida. Quienes conocen los juegos saben el trabajo de arte y diseño que conllevan cada uno, aunque pareciera que se descansaron en esto a la hora de pasarlo al celuloide. Todo se asemeja más a una taza de Matrix con unas cucharadas de Alien (perdón Giger, soy un blasfemo), lo cual podría funcionar en cualquier otra cinta menos esta.
Lo más interesante es que el director de este film es Hironobu Sakaguchi, el mismo creador de la serie. No entiendo que sucedió durante el proceso de creación, pero obviamente estaba fumando otra cosa mejor cuando diseño los juegos.
Personalmente me resulta una lástima. Como conocedor de la saga esperaba mucho más de esta película, y podría detenerme a señalar más puntos flojos pero, desde la posición de un gamer, es obvio que la panorámica no pertenece y no puedo recomendarla a nadie que quiera involucrarse con esta serie.
Al fin de cuentas, el mensaje de la película trasciende su trama. Lo que nos deja es otro ejemplo que pone sobre la mesa el debate sobre los límites de la “fidelidad” y la “libertad” a la hora de una adaptación. Lamentablemente esta película abusa de esa “libertad” llevándola a una “transformación”, donde la “fidelidad” se presenta en pequeños guiños. No de casualidad, Square Pictures cerró sus puertas tras este film.
Lo mejor que pueden hacer (si no les interesan los videojuegos) es acercarse a la música y diseños de Final Fantasy. Sus soundtracks orquestales y las ilustraciones de Yoshitaka Amano (el mismo de Vampire Hunter D) son excelentes. Desde músicos, diseñadores de moda, dibujantes, fotógrafos, escritores o quien sea recurra a la creatividad, puede descansar unos instantes en esta gran saga y tal vez llevarse algo para casa. 

Ignacio Viera